sábado, 2 de septiembre de 2017

Las botas de Big Steve


El término “Hell on Wheels” (Infierno sobre ruedas) fue acuñado por el editor y periodista Samuel Bowles en alusión a las casas de juego, salas de baile, salones y burdeles de todas las clases, que brotaron a lo largo del trazado que los trabajadores del ferrocarril transcontinental fueron construyendo en dirección al oeste.

En ocasiones, aquellos lugares sobrevivían al avance de los trabajadores del ferrocarril, esperando a ser seguramente futuras estaciones de paso, centros comerciales en los que se pudiera hacer un buen dinero a cuenta del paso del Transcontinental. Esto es lo que ocurrió por ejemplo con Laramie, en Wyoming, escenario además de una de las más viejas historias de aquellos pistoleros que haría famoso al oeste americano.

El hombre que se ve en esta foto es Steve Long, aunque todos lo conocían como “Big Steve”. Fue sheriff y forajido a un mismo tiempo, y aunque la gran seguridad que tenía en si mismo hacía que se burlara de la muerte, las cartas del destino iban a jugar su baza contra él.

Big Steve apareció por  Laramie, Wyoming, tras la Guerra Civil. Allá se reunió con dos medio hermanos que habían ayudado a fundar el pueblo. Entre los tres abrieron un salón que no era otra cosa que una enorme tienda de campaña. Los vecinos, a espaldas de los hermanos Long, llamaban al local “el cubo de sangre” debido a la cantidad de violentas peleas que se daban en él.

La fama de los tres hermanos y su fuerte personalidad les facilitó mucho las cosas para ir haciéndose con algunos de los cargos de responsabilidad en Laramie. Responsabilidad que, como suele ocurrir, ellos transformaron en poder que ejercieron en beneficio propio.

A Long lo nombraron Sheriff y pronto se forjó una terrible fama de violento. Cuentan que rara vez arrestó a alguien, pues pasaba directamente a las palizas o los disparos. El 22 de octubre de 1867, por ejemplo, acudió a detener una pelea callejera y mató a cinco de los ocho hombres que había implicados en ella.

Con estas credenciales, no es de extrañar que a Long y sus hermanos les resultara extremadamente sencillo "convencer" a los colonos de que les vendieran los títulos de propiedad de sus tierras a precios ridículos. A los que se negaron, los mató Long alegando que lo había hecho en legítima defensa. Si la víctima no iba armada, se encargaba de proporcionar un rifle o una pistola a su cadáver para que nadie dudara de la inocencia del Sheriff.

Por fin, en octubre de 1868 un grupo de rancheros acompaña al sheriff del condado de Albany hasta el salón de los tres hermanos. Estaban allí, como si les esperaran. Sin demasiados protocolos, deciden ajusticiarlos. Seguramente iban ya dispuestos a ello, pues no podían esperar nada de la justicia de Laramie: Long era el sheriff y uno de sus hermanos el juez.

Long les pide que lo ahorquen sin botas. Mi madre siempre dijo que moriría con las botas puestas y no quiero darle el gusto, dijo.

Ahorcaron a los tres hermanos y los fotografiaron colgando, casi pegados, para que no hubiera duda de lo que habían hecho con ellos. Después, colocaron el cadáver de cada uno de los hermanos atados a un poste en las diferentes entradas al pueblo.

A Long le volvieron a poner las botas y lo fotografiaron de nuevo. Quizá pensaron en enviar la fotografía a su madre.