sábado, 2 de septiembre de 2017

Las botas de Big Steve


El término “Hell on Wheels” (Infierno sobre ruedas) fue acuñado por el editor y periodista Samuel Bowles en alusión a las casas de juego, salas de baile, salones y burdeles de todas las clases, que brotaron a lo largo del trazado que los trabajadores del ferrocarril transcontinental fueron construyendo en dirección al oeste.

En ocasiones, aquellos lugares sobrevivían al avance de los trabajadores del ferrocarril, esperando a ser seguramente futuras estaciones de paso, centros comerciales en los que se pudiera hacer un buen dinero a cuenta del paso del Transcontinental. Esto es lo que ocurrió por ejemplo con Laramie, en Wyoming, escenario además de una de las más viejas historias de aquellos pistoleros que haría famoso al oeste americano.

El hombre que se ve en esta foto es Steve Long, aunque todos lo conocían como “Big Steve”. Fue sheriff y forajido a un mismo tiempo, y aunque la gran seguridad que tenía en si mismo hacía que se burlara de la muerte, las cartas del destino iban a jugar su baza contra él.

Big Steve apareció por  Laramie, Wyoming, tras la Guerra Civil. Allá se reunió con dos medio hermanos que habían ayudado a fundar el pueblo. Entre los tres abrieron un salón que no era otra cosa que una enorme tienda de campaña. Los vecinos, a espaldas de los hermanos Long, llamaban al local “el cubo de sangre” debido a la cantidad de violentas peleas que se daban en él.

La fama de los tres hermanos y su fuerte personalidad les facilitó mucho las cosas para ir haciéndose con algunos de los cargos de responsabilidad en Laramie. Responsabilidad que, como suele ocurrir, ellos transformaron en poder que ejercieron en beneficio propio.

A Long lo nombraron Sheriff y pronto se forjó una terrible fama de violento. Cuentan que rara vez arrestó a alguien, pues pasaba directamente a las palizas o los disparos. El 22 de octubre de 1867, por ejemplo, acudió a detener una pelea callejera y mató a cinco de los ocho hombres que había implicados en ella.

Con estas credenciales, no es de extrañar que a Long y sus hermanos les resultara extremadamente sencillo "convencer" a los colonos de que les vendieran los títulos de propiedad de sus tierras a precios ridículos. A los que se negaron, los mató Long alegando que lo había hecho en legítima defensa. Si la víctima no iba armada, se encargaba de proporcionar un rifle o una pistola a su cadáver para que nadie dudara de la inocencia del Sheriff.

Por fin, en octubre de 1868 un grupo de rancheros acompaña al sheriff del condado de Albany hasta el salón de los tres hermanos. Estaban allí, como si les esperaran. Sin demasiados protocolos, deciden ajusticiarlos. Seguramente iban ya dispuestos a ello, pues no podían esperar nada de la justicia de Laramie: Long era el sheriff y uno de sus hermanos el juez.

Long les pide que lo ahorquen sin botas. Mi madre siempre dijo que moriría con las botas puestas y no quiero darle el gusto, dijo.

Ahorcaron a los tres hermanos y los fotografiaron colgando, casi pegados, para que no hubiera duda de lo que habían hecho con ellos. Después, colocaron el cadáver de cada uno de los hermanos atados a un poste en las diferentes entradas al pueblo.

A Long le volvieron a poner las botas y lo fotografiaron de nuevo. Quizá pensaron en enviar la fotografía a su madre.


martes, 29 de agosto de 2017

Durmamos...


Esta fotografía titulada L'homme de la nuit, fue tomada en 1939 en las escaleras del Cours Dajot de Brest, el Finisterre francés, como parte de una escena considerada de culto para todos los amantes del cine de Jean Gabin. Se trata de "Remorques" -traducida al español hábil y piadosamente como "Remordimientos"-, película que fue filmada a salto de mata entre 1939 y 1941, debido al inicio de la guerra. Con la perspectiva que da el tiempo pasado, la propia imagen de la escalera parece tener la intención de anunciarnos los tiempos oscuros que estaban por llegar. 

La película era una adaptación de la novela del mismo título de Roger Vercel, quien un año antes había obtenido el premio Goncourt por su "Capitán Conan". Jean Grémillon, director de la película, tuvo el acierto de incorporar a su equipo a René-Jacques, uno de los grandes maestros del blanco y negro en Francia, y cofundador del Groupe des XV, dedicado a promover la fotografía como disciplina artística.

La escena de la escalera tuvo que ser repetida cerca de una docena de veces, pues las condiciones metereológicas, siempre tan dadas a cooperar, no estaban por la labor aquél día de julio de 1939. Tuvieron que emplearse los cañones de agua del cuerpo de bomberos para simular la lluvia y un helicóptero del cercano aeroclub de Guipavas para paliar la ausencia de viento...

Todo ello no importa. De hecho, para nosotros, para quien vea la película, Jean Gabin desciende las escaleras sólo, hundido en la oscuridad de la noche y el fragor del viento, con la sola compañía de la lluvia y en un lugar recóndito, conocido desde antiguo como "el fin del mundo".

El otoño se acerca y acortan los días. 

Durmamos... 



lunes, 21 de agosto de 2017

En un lugar remoto


Vagando por los caminos que recorren los valles de Aure, Louron y Luchon, nos encontramos con cerca de una docena de pueblos y aldeas que conservan en sus iglesias los frescos con los que fueron adornadas allá por la segunda mitad del siglo XV. Hace unos días nos hablaron de que hay algunas semejantes y del mismo tiempo en Aran, al otro lado del Pirineo. Pero allá, cómo no, hay que estar a hora y día determinado, pagar y escuchar al explicante de turno si se quieren ver.


Nos ha gustado su espontaneidad, frescura, y algún que otro sorprendente giro narrativo que nos hace creer que el autor tenía unos conocimientos muy concretos del reverso profano de lo que estaba contando... En resumen, nos conmueve el encontrarnos con aquello en el silencio de estas pequeñas iglesias perdidas en el corazón del Pirineo. También el verlas en unos lugares que en aquél entonces podrían ser los más remotos e incomunicados, y en los que éstas representaciones eran una de las pocas visiones que tenían sus habitantes de lo que estaba más allá de sus montañas.


Nos quedamos con las ganas de saber más de aquellos autores anónimos. ¿se trata de artistas locales, o de compagnons que recorrían aquellos pueblos viviendo de su trabajo? Y nos llama la atención la coincidencia temporal de todas ellas...


lunes, 7 de agosto de 2017

Ella espera...


Inquieta pensar que esta hermosa y plácida obra de Jean-Jacques Henner encabezada con la leyenda "Elle attend", tenga en sí una intención tan alejada de lo que pudiera pensarse en un primer momento como es la de la venganza. "L’Alsace. Elle Attend" (1871) es una obra encargada por un industrial alsaciano tras el fin de la guerra franco-prusiana, aquella que aniquiló a un imperio de opereta -el francés de Napoleón III-, para dar paso a uno nuevo muy parecido en su maneras -el alemán de Guillermo I-. Con la derrota, Francia perdía Alsacia y Lorena, que pasaban a manos de su vecino y enemigo.

Muchos franceses, y en especial los que vivían o tenían interés en los territorios perdidos, se opusieron a la rendición, y popularizaron esta obra como el recuerdo de un deber patriótico... El crítico de arte Jules Antoine Castagnary dijo de ella en Le Siècle : "Tiene dieciséis años, la edad de la generación que verá cumplirse la inevitable revancha". No sabía bien lo cierto que era su comentario...

Me encontraba precisamente hace unos días con una versión apócrifa de una gran obra -El Conde de Montecristo-, que es un ejemplo claro de lo bien que sienta al arte desarrollar historias de venganza. Lo mismo pudiera pensarse de esta, si no fuera por el hecho de que es real, y desembocó en una contienda que arrasó el mundo allá por la segunda década del siglo XX.

Ella, la muerte, siempre espera.

lunes, 24 de julio de 2017

The Ilustrated Police News



El Illustrated Police News del sábado 14 de agosto de 1869 publicaba en su portada esta ilustración como uno de los hechos sensacionales que se habían dado en la última semana. Por lo que se lee en el interior respecto al duelo de monjas, bastante poco, a uno le queda la sensación de que era uno de tantos cebos hechos a base de noticias falsas o exageradas que abundan en este tipo de medio. ¿Qué dice?: que se enfrentaron por cuestiones de honor, que pertenecían a un convento de una localidad aparentemente francesa pero que no existe o cuyo nombre está mal transcrito, y que todo acabó con heridas leves, sin apenas derramamiento de sangre y con la concesión mutua del perdón. Amén.

El Ilustrated Police News es una de tantas publicaciones del género policial/sensacionalista que abundaron y tuvieron un importante éxito entre los lectores de la segunda mitad del siglo XIX y prácticamente todo el XX. Conozco versiones semejantes en Francia -en España que yo sepa solo estuvo El Caso, pero fue posterior y no tenía ese potencial gráfico-, y siempre juegan con el atractivo de una portada llena de ilustraciones impactantes que envían al curioso a una lectura en sus páginas interiores. En muchos de los casos -como este de las monjas-, la curiosidad termina en sensación de que a uno le han contado un cuento...

A pesar de todo ello, son en general publicaciones con una larga existencia. El Ilustrated en concreto entre 1864 y 1938, llegando a la cumbre de su popularidad con los sucesos de Whitechapel (1888-1891). De hecho, muchos de los elementos gráficos que se emplearon en esta publicación para el caso de Jack el destripador, forman parte importante de la referencia visual que ha quedado en todos nosotros de uno de los casos criminales más conocidos de la historia.

viernes, 7 de julio de 2017

Surtshellir


Surtshellir es una cueva que se encuentra en un alejado rincón del oeste de Islandia, en un lugar donde sólo el fragor de las erupciones volcánicas ha roto el profundo silencio que acompaña al quejido del viento que irrumpe desde la costa.

A pesar de encontrarse en un lugar tan remoto, su existencia no ha dejado de estar presente desde el mismo inicio de la historia escrita en aquella isla. La menciona el Landnámabók (Libro de los asentamientos), manuscrito del siglo XII, que detalla el modo en que fueron colonizando los vikingos aquella isla a lo largo de los doscientos años que corrieron entre los siglos IX y X. 

De esta época se cuenta que la cueva y todos sus pasadizos eran utilizados como refugio por bandidos, desterrados y parias de todo tipo, que empleaban el lugar como base para realizar incursiones de pillaje en las granjas y aldeas más próximas. Durante mucho tiempo, Surtshellir fue una fuente de temores y supersticiones para los islandeses que habitaban las montañas de las inmediaciones. 



Todo esto terminó oficialmente con la ilustración, en concreto con la visita que hizo Eggert Ólafsson, estudioso de la cultura islandesa, quién documento su visita al lugar en un viaje que hizo a la región allá por el año 1750. Desde entonces, no se volvió a mencionar la presencia de bandidos, ni la de seres sobrenaturales como aquél Surtr, gigante de fuego que era soberano de las entrañas de la tierra, que había prestado su nombre a aquella cueva. Seguramente sólo junto a los fuegos de los hogares más apartados seguía hablándose de los peligros de aquél acceso a las entrañas de la tierra. 

Los grabados que acompañan a este texto son del año 1836 y de la mano de un tal A. E. F. Mayer, del que desconozco absolutamente todo. Supongo, o prefiero imaginar, que tomó las notas para las ilustraciones del natural. Quién sabe... Pero su representación de Surtshellir me ha cautivado profundamente. Es más, sin saber inicialmente de qué se trataba, ha traído a mí la referencia a una de esas lecturas por las que, al ser muy tempranas y entusiastas, guardo un especial afecto: se trata, claro está, del Viaje al Centro de la Tierra. 

De hecho, fue imaginando cosas como las que nos muestra el tal Mayer, como entré de lleno en las profundas entrañas de esos mundos que nos reserva la lectura.



martes, 4 de julio de 2017

El mundo del futuro y un brujo de Zaragoza



Lee esto fijamente.

Este tiempo en el que vivimos, el futuro de todos los que nos precedieron, no es sino uno de entre los miles que estaban esperándonos. Los había más próximos -aún- a esas distopías que abundan en cine y literatura desde los mismísimos inicios del siglo XX, con realidades aberrantes que en ocasiones no parecen otra cosa que la nuestra reflejada en el espejo del callejón del Gato.

Otros se parecen más a aquél que imaginábamos apoyándonos en nuestras lecturas de cómics tipo “Mundo futuro” y las novelas de a duro. Todo muy parecido a ese porvenir en el que prevalecía el progreso tecnológico sobre cualquier otra cosa, siguiendo el sedimento que habían dejado en nuestra imaginación Julio Verne y H.G. Wells.

A Juan Bajen y Seros todas estas cosas del futuro y la adivinación le interesaban mucho. No se sabe muy bien si porque tenía una especial habilidad para acertar con los acontecimientos que estaban por venir, o lo suyo era hacer creer a sus convecinos que tenía algún tipo de poder premonitorio. El caso es que ya de pequeño en su barrio de Casablanca en Zaragoza decían de él que tenía un pacto con el diablo, cosa que ya entonces no tenía pena de inquisición ni fue perseguido y linchado como le ocurrió a la tía Casca en el mágico Trasmoz, al pie de Moncayo.

Juan el brujo o Juanillo, era ya de otra época, y asoma a nosotros gracias a un artículo de la revista Crónica del 10 de marzo de 1935. Decían de él que  ya desde muy pequeño anunciaba hechos que invariablemente se producían: acertaba los nombres de las sirvientas que acudían al puesto de pescado que regentaban sus padres, era capaz adivinar cómo iba a ser una futura cosecha, advirtió de que en la década de 1910 se iba a producir una gran guerra, y predijo el advenimiento de la República. Eso es lo que él decía, claro está. Y si hacemos caso al Crónica, también se contaba por Zaragoza, llegando a existir una muletilla que se empleaba cada vez que se tenía noticia de un hecho extraordinario:

—Eso ya lo había anunciado el señor Juan.

Sin embargo, la fama no debió de traer consigo su parte correspondiente de prosperidad. Juan el brujo vivía en el barrio de Casablanca, en una cabaña mal cubierta de cañas con un poco de yeso, donde “el frío en la habitación es idéntico al de la calle”. Tenía un huerto con hortalizas, que él mismo cultivaba, unos gallineros sin animales, un almacén al aire libre, en el que se guardan materiales de derribo, y poco más. En el interior había un fogón hecho de ladrillos, una tina de madera, una cama de hierro “con tantos años como su propietario”, y unas cajas de madera, que sirven a la vez de mesa, despensa y armario para la ropa.

Por si no fuera poco,  Juan tuvo que abandonar su oficio de albañil al ir quedándose medio ciego, por lo que su huerto, y lo que pudiera ganar con alguna predicción que otra, eran por aquél entonces sus únicos medios de subsistencia.

Así vivía el hombre que miraba al futuro.


Merece la pena repasar lo que contó al periodista del Crónica cuando este le quiso sacar alguna predicción para el futuro, pues Juan se despachó con un relato que si bien erraba desde su inicio, tenía un curioso aire a historia de ciencia ficción muy próximo al “Esquema de los tiempos futuros” de H.G. Wells que precisamente se publico en español por aquellos años. Lo transcribo:


«Creen algunos que el mundo se prepara para una nueva guerra. Están engañados, porque ese conflicto no llegará a estallar.

»En su lugar, estamos abocados a una gran hecatombe, que no se podrá evitar. En lo sucesivo se registrarán mayor número de defunciones que de nacimientos. Muchas muertes lo serán por enfermedades conocidas: pero el número más elevado de defunciones tendrá por causas otros padecimientos desconocidos de la ciencia, y contra las que ésta no podrá nada.

»La Industria y el Comercio irán de mal en peor, y se cerrarán muchas y muy importantes factorías.

»Habrá grandes y graves desórdenes en casi todas las regiones del mundo, especialmente en las Repúblicas hispanoamericanas, en Alemania, Inglaterra, Andalucía y Cataluña. El grueso de los desórdenes se fijará en los Estados Unidos. Llegará un momento en que los Gobiernos intentarán utilizar a los presos en las faenas del campo.

»La mayor parte de los capitales serán retirados de los Bancos y ocultados en lugares seguros.

»La ley Marcial será declarada en casi todos los países.

»Habrá epidemias horribles, de las que serán víctimas los hombres, los animales y las plantas.

»En 1937 se formarán unas corrientes subterráneas, procedentes del golfo de Méjico, que llegarán a derribar o a inclinar los edificios más sólidos. Estas corrientes subterráneas harán desaparecer parte de Italia, Japón y Rusia; pero esto se compensará con la aparición de nuevas tierras, donde se cultivarán árboles y plantas de gran utilidad y belleza.

»En las nuevas tierras aparecerán unos árboles, a los que se llamará «pirámides», de grato aroma, que se percibirá a distancia, con flores parecidas a las magnolias y hojas que podrán servir como finísimo té o delicado tabaco. Estas tierras, como serán de carácter y condiciones privilegiadas, se poblarán inmediatamente, y sus habitantes llegarán a ser superiores en aptitudes y talento al resto de los hombres.

»Se aproxima la hora de la felicidad, en la cual habrá seres comprensivos, de clara inteligencia, sin odios, sin egoísmos, sin vicios y sin maldades. Nadie sentirá entonces deseos insanos, y los supervivientes de la época anterior que no quieran seguir este camino de dichas vivirán aislados, errantes, sin familia ni hogar, como seres anormales.

»En el año 1945 no serán precisos ni guardias, ni tropas, ni Audiencias, ni Prisiones.

»Se habrá descubierto una pasta destinada a la construcción, que suprimirá la mayor parte de los materiales conocidos, y tendrá todas las ventajas sin ninguno de los inconvenientes.

»Un aparato instalado en el hueco de las ventanas recogerá del espacio el gas necesario para la iluminación del inmueble y el combustible del fogón.

»Otro aparato, permitirá realizar viajes a distancias enormes en pocos minutos.

»Se conseguirá llegar hasta algunos planetas, y se comprobará que en la Luna no existe vegetación ni habitantes.

»Los hay, en cambio, en Marte y Venus, pero faltos de perfección, semisalvajes. Tampoco hay habitantes en Júpiter.

»En el año 1955 la perfección habrá llegado a términos insospechados.

»Habrá pocas enfermedades, pocas defunciones y pocos nacimientos. Para suplir esto último se habrá inventado la «madre artificial», que producirá seres humanos perfectos.

»El año 1960 será lo definitivo en felicidad.

»Los habitantes de la Tierra disfrutarán de comodidades, de bienestar, de alimentos y diversiones, y únicamente destinarán al trabajo dos o tres horas diarias, más que nada por recreo o diversión.

»Esta felicidad subsistirá hasta la transformación del mundo, hecho que ocurrirá al final del siglo XX, por efecto del fuerte roce de un planeta con la Tierra.

»No desaparecerá la Tierra, sino que en la mencionada transformación desaparecerán el Mediterráneo y algunas naciones europeas»


Como pasa con el relato de Wells al que me refería antes, esta visión de futuro nos puede resultar naif, curiosa y en ocasiones chocante. Pero es lo que había, y lo que seguramente, con sus variaciones, estaba en la cabeza de la mayor parte de las personas que, como Juan el brujo, a pesar de malvivir -o es posible que por eso mismo-, daban en pensar en el futuro. Y sorprendentemente era de manera muy parecida a como lo hacía uno de los grandes maestros de la ciencia ficción en su época.

Me cuenta un amigo que por Veruela, allá en su Aragón, existía la creencia de que sólo estaban expuestos al poder maligno de las brujas quienes tuvieran la mala fortuna de que durante su bautizo el cura confundiera alguna de las palabras rituales. ¿Y cómo saber si había ocurrido eso? Muy sencillo: se toma un cedazo después de las 12 de la noche -las brujas sólo tienen poder hasta esa hora-, y haciendo tres cruces sobre él, se mantiene suspendido en el aire por el aro con las puntas de unas tijeras. Al hacer esto, si el párroco falló en el bautizo el cedazo da vueltas por sí mismo, en caso contrario, permanece quieto.

Puro azar. 

Adivinación con tijera y cedazo en Galicia.


miércoles, 28 de junio de 2017

La beauté est dans la rue


Lo veía durante mis visitas a aquel bar del Vieux Bayonne, entre fotografías del dueño con celebridades ya olvidadas, anuncios en latón de bebidas espirituosas y carteles de eventos de todo tipo, como otro que también recuerdo: el de un concierto de Lou Reed en “Le Punk-Rock Festival” que se celebraba en Mont-de-Marsan por aquellos años de 1976 o 77.

Era ya entonces la reliquia de una oportunidad perdida, de algo más remoto en la memoria colectiva que los apenas 8 años que había pasado desde que se asomó brillando por primera vez a las calles de París.

Ahora que me lo encuentro de nuevo en la red, después de todo lo pasado, no puedo evitar el recordar con cierta melancolía todos aquellos sueños por los que luchamos mientras se van desvaneciendo.

Puedes ver “La beauté est dans la rue” y algunos carteles más del Atelier Populaire, el taller que produjo algunos de los más emblemáticos carteles de la revuelta del 68 de mayo, en https://libcom.org/gallery/paris-68-posters

martes, 20 de junio de 2017

45º52.6S, 123º23.6W


Quiero pensar que una representación en la que vamos a encontrarnos con Cthulhu, la estación espacial MIR, la Bounty y el Potemky, referencias al capitán Nemo y a la toma de la Bastilla, va a hacer que este esfuerzo en la selección del reparto rinda la curiosidad de más de un despistado lector sobre la entrada serie B que comienza ahora.

Dicen que las coordenadas 45º52.6S, 123º23.6W, corresponden con un lugar en el Océano Pacífico que es el  más remoto de nuestro planeta, el más alejado de cualquier masa de tierra. Por ello le han dado familiarmente el nombre de “Punto Nemo”, y de manera más técnica el de Polo de inaccesibilidad del Pacífico. El caso es que el PIP, estando tan lejos de nosotros, no ha podido evitar a lo largo del tiempo ser depositario de nuestra impronta, de lo mejor y lo peor del ser humano.

Y si no, que se lo pregunten a las agencias espaciales de Rusia, Europa y Japón que lo usan como "cementerio espacial". Más de un centenar de objetos que circulaban más allá  de la atmósfera, han sido dirigidos a este punto cuando iban a ser desmantelados. Así que en las profundidades de estas aguas, si alguien es capaz de llegar hasta allá, uno puede encontrarse fragmentos de satélites, e incluso restos de la estación espacial Mir.

En las entrañas de aquellas remotas aguas hay de todo. De hecho en 1997 unos oceanógrafos grabaron un sonido misterioso cerca de este del Punto Nemo, lo cual provocó, especialmente en los amigos de lo misterioso, mucha expectación e incluso temor, aunque no tuvieran previsto pasarse por ahí. El sonido en cuestión fue bautizado como "El Bloop", y era más fuerte que el emitido por una ballena azul, lo cual hizo que se especulara rápidamente con la posibilidad de que fuera producido por un desconocido monstruo marino… Al final, se demostró que se trataba del sonido que provenía de icebergs agrietándose. Pero bueno: que no hay que creerse la verdad si la ficción resulta más entretenida y enriquecedora.


Que me lo pregunten a mí, y seguramente a unos cuantos de ustedes, pues esta inmensa soledad, 66 años antes de ser catalogada como el Punto Nemo de nuestro planeta, ya había sido elegida por H. P. Lovecraft para situar en ella R'lyeh, el hogar de Cthulhu, la ya entrañable y legendaria criatura de rostro con tentáculos.

Allí yacían el Gran Cthulhu y sus hordas, ocultos bajo bóvedas cubiertas de fango verdoso; enviando de nuevo, tras incalculables ciclos temporales, aquellos pensamientos que extendían el miedo por los sueños de los más sensibles, a la vez que apremiaban a sus fieles a lanzarse en pos de un peregrinaje por su liberación y la restauración de su imperio en la tierra...”

Sigamos. Menos de dos meses antes de la toma de la Bastilla en París en aquél año de 1789, tuvo lugar aquí, en nuestro Punto Nemo, un hecho que por haber ocurrido a un grupo de británicos, podemos considerar de gran relevancia histórica. Se trata del famoso motín del Bounty, cuyo renombre y popularidad me ahorra el tener que entrar a los detalles para explicarles qué es lo que ocurrió con aquél barco de la armada de su graciosa majestad.

Valga con decir que los hechos que todos conocemos ocurrieron en las inmediaciones del Nemo. Bueno, para ser sinceros algo más cerca de las islas Tafoa. Sin duda aquél era lugar muy a propósito para amotinarse. En cierta manera predisponía a ello. Aunque no lo era tanto para ser abandonado como le ocurrió al capitán William Bligh, teniendo en cuenta que el lugar de tierra más cercano a nuestro punto no es otro que la Isla Ducie -una de las Pitcairn-, a nada menos que 1.600 km…

Lo del Bounty ha tenido siempre para mí un paralelismo con lo que ocurrió en el Potemky, por ser aviso de lo que pasaría poquísimo después en tierra, en Francia en este caso, y en modo de revolución. Supongo que la marinería de aquellos tiempos revueltos, como ocurriría fallidamente después también en Kronstadt, era la depositaria de ideas y experiencias que circulaban de un lugar a otro. De hecho, eran su vehículo transmisor y quienes a su vez observaban con mayor distancia lo que ocurría en sus propios hogares. La ausencia otorga este don.

El caso es que leídos una buena porción de párrafos, el paciente lector puede preguntarse a dónde quiero llevarle, y eso será lógicamente porque no he sido capaz de hacerle ver que a ninguna parte. A mi Punto Nemo particular. Pues toda esta divagación viene a cuento de mi encuentro con un curioso grabado que representa el momento en que el capitán William Bligh es abandonado a su suerte en el océano por la tripulación del Bounty. Digo lo de curioso porque sorprende ver ilustraciones, como la que encabeza este texto y que es obra de Robert Dodd, que son de fechas tan tempranas como la de 1790, el mismo año en que tras muchas penalidades llegó el capitán Bligh a Inglaterra y relató su versión de lo ocurrido.

La que muestro aquí abajo, me resulta más interesante todavía, pues es del mismo año 1790, pero de autor francés, Pierre Ozanne, y fue la que me sumergió en todas estas reflexiones el día en que me la encontré en una librería de viejo. Supongo que quien finalmente se la lleve, tendrá la posibilidad de viajar a aquella ninguna parte en la que todos nos encontramos en algún momento.


martes, 30 de mayo de 2017

Inimigo de hipócritas e frades...


Y de citas sobre lecturas recientes o recordadas voy a intentar escribir algo. La culpa la tiene haber devorado con las ganas y el entusiasmo del nostálgico el “England´s Dreaming” de Jon Savage, un extenso recorrido por aquella breve historia que fue la de los Sex Pistols. Entre otras muchas cosas, en él hay obligadas referencias a “Rastros de carmín: una historia secreta del siglo XX” de Greil Marcus, del que precisamente guardaba unas notas, de las que transcribo esta para darles paso después a la última de mis referencias:

“A lo largo de la década de los veinte, los surrealistas buscaron una poética que destruyese el simbolismo hipnótico de la iglesia. Luis Buñuel, que de joven caminaba por las calles de Madrid disfrazado de cura, arriesgándose a ir a la cárcel a causa de ese chiste privado, y que en 1930 rodó la película blasfema L’Age d’or, experimentó su primera atracción hacia el surrealismo a causa de una foto publicada en 1926 en la revista La Révolution surréaliste: “Benjamin Péret insultando a un cura” Definida por Robert Hughes como “una de las primeras performances de las que existe documentación, precursora de miles de acciones igualmente triviales que serían registradas en Polaroid o en video por los artistas norteamericanos de los setenta”, hoy en día la foto es casi imposible de interpretar; un pie de foto más obvio habría sido: “Cura lanzándole a Benjamin Péret una mirada obscena”. Todo lo cual prueba que, en el momento y el lugar adecuados, las poéticas más marginales -en este caso la foto ambigua- puede conducir a alguna parte; por ejemplo, a L’age d’or, que todavía es capaz de cambiar la vida de algunos”.

Vale. Pues José Miguel Pérez Corrales en “El oro del tiempo” nos habla del paralelismo entre esta imagen y la actitud de Manuel Maria Barbosa du Bocage, poeta portugués de finales del siglo XVIII con formación neoclásica, pero maneras radicalmente románticas. Se cuenta de él, y lo  ilustra una colección de lienzos pintados para decorar las paredes del Café Nicola en el corazón de Lisboa, que hacía gala de una actitud satírica y provocadora con todo lo establecido, llegando a pasar alguna que otra temporada en las cárceles de la inquisición. Entre estos cuadros, pintados ¿casualmente? por los mismos años en que Péret se hizo la famosa fotografía, encontramos que la actitud “performante” del poeta portugués no era muy diferente de la del surrealista. Especialmente en aquél en el que se le representa en la obra que el autor denomina “Inimigo de hipócritas e frades”.


viernes, 26 de mayo de 2017

Petrarca-Sade


“¡Salud! Es posible que algo de lo escrito por mi haya llegado hasta ti, aunque desde aquí pueda resultar dudoso que mi oscuro y pequeño nombre sea capaz de alcanzarte a través del tiempo y el espacio. Quizá quieras saber qué clase de hombre fui, y que ha sido de mis obras, especialmente de las que has oído hablar, por muy vagamente que haya sido.”

Así comenzó Francisco Petrarca allá por el año de 1370 su “Carta a la posteridad”, un ejercicio de supuesta autoconfesión, dirigido a mostrarnos lo que fue a quienes le observamos desde el futuro. Ahora que la tendencia generalizada parece ser precisamente esa, puede costar entender lo sorprendente de su actitud. Pero el hecho de que invite a sus lectores a oírle hablar de sí mismo, de sus sentimientos y percepciones, era en sí algo novedoso en unos tiempos en los que la individualidad, como tal, no tenía apenas consideración. Pero los hechos del año 1348 habían provocado que muchas cosas comenzaran a cambiar….

Pero los hechos del año 1348 habían provocado que muchas cosas comenzaran a cambiar…

La peste de aquél año terminó con un tercio de la población de Europa, sacudió los cimientos de una
sociedad cuyos valores entraban en plena contradicción con lo que estaba ocurriendo, y espoleó la conciencia de los intelectuales de nueva generación, con Petrarca y Bocaccio como alumnos aventajados de Dante a la cabeza de todos ellos. Lo que hasta entonces no parecía haber dejado de ser una manifestación de la cultura popular en manos de juglares cortesanos y goliardos, muchas veces al margen de la oficial que emanaba de los conventos, pasó a alcanzar un nuevo estatus que se iría abriendo paso a lo largo de ese nuevo tiempo que, más adelante, recibiría el nombre de Renacimiento.

De aquél doloroso parto, nació el individuo con sus sueños, valores y experiencias vitales.

Petrarca era especialmente hábil cuando se trataba de hablar de sí mismo. Seguramente lo hizo mejor que ningún otro autor hasta entonces, quedando atrás incluso Julio Cesar y sus “Cometarios”. De hecho, sus autoretratos resultan algo sospechosos, pues si se leen con detenimiento se observa que no son sino la construcción de una imagen pública de sí mismo según los modelos sacados de sus lecturas favoritas, en especial la del San Agustín de las “Confesiones”. Además, se encuentran numerosas contradicciones en todo lo que dice ser: se manifestaba ferviente italiano, y pasó la mitad de la vida en Provenza al servicio de aparato administrativo del papado de Avignon -francés-, opuesto a devolver la sede de Roma -italiana-; clérigo, aunque no sacerdote ni pastor de almas, fue virtualmente laico; investigador e intelectual, nunca tuvo que enfrentarse a un aula de estudiantes; apasionado enamorado, aunque platónicamente, de la mujer de otro; célibe que tuvo dos hijos… Por último, las actividades políticas y diplomáticas de Petrarca podrían parecernos anecdóticas frente a su imagen de poeta y humanista: sin embargo fueron aquellas las que le permitieron vivir con cierta holgura, ser reconocido en su tiempo y establecer una importante red de relaciones.

Pura contradicción.


Hombre moderno.


Pero es justo reconocer que en sus escritos Petrarca mostraba tener una especial sensibilidad para ver en sí mismo la fuerza y debilidad del ser humano, sus motivaciones interiores. Como cuando relataba el primer encuentro aquél año de 1327, con Laura, la misteriosa musa de su Cancionero, a las puertas de la iglesia de Santa Clara de Avignon.

“Laura, ilustre por sus virtudes y tanto tiempo celebrada en mis versos, apareció por primera vez ante mis ojos durante mi juventud en 1327, el 6 de abril, en la iglesia de Santa Clara de Avignon”

Hay quien dice que Laura no fue otra cosa que un recurso literario del propio Petrarca, en torno al cual quiso hacer girar una parte esencial de su obra, justificada por un amor que, en lugar de alcanzar la plenitud, el tiempo lo convertiría en algo cada vez más remoto hasta hacerlo imposible de mano de la muerte. Dante, Poe, e incluso Baudelaire, parecen darse la mano a través del diplomático de Arezzo, siguiendo cada uno su particular camino al más allá en busca de la amada:


J'aurais pu (mon orgueil aussi haut que les monts
Domine la nuée et le cri des démons)
Détourner simplement ma tête souveraine,
Si je n'eusse pas vu parmi leur troupe obscène,
Crime qui n'a pas fait chanceler le soleil!
La reine de mon coeur au regard nonpareil
Qui riait avec eux de ma sombre détresse
Et leur versait parfois quelque sale caresse.
Hubiera podido (mi orgullo, alto como el monte,
domina la nube y el clamor de los demonios)
volver simplemente mi cabeza serena,
si no hubiese entre su tropa obscena,
¡crimen que no hizo tambalear al sol!,
la reina de mi corazón, de mirada sin igual,
que se reía con ellos de mi sombría tristeza
y les hacía, a veces, alguna sucia caricia.

Charles Baudelaire, La Beátrice


Pero al hablar de la Laura de Petrarca, la tradición y la creencia de la mayor parte de los estudiosos dan en asegurar que se trataba de Laura de Noves. Ésta que por aquél entonces tenía 18 años, era hija de una familia de la nobleza Provenzal, y llevaba alrededor de dos años casada con Hugo II de Sade, perteneciente a una de las familias de mercaderes más ilustres y antiguas de Avignon, a quién daría una extensa prole. De ella se diría descendiente otro Sade, el famoso marqués Donatien Alphonse François de Sade.

Fue precisamente Jacques-Francois-Paul-Aldonze de Sade, otro de sus supuestos descendientes y tío de nuestro marqués, uno de los principales postulantes de esta atribución. De hecho dedicó una parte de su vida como religioso, cuando su conocida dedicación a los placeres mundanos lo permitía, a investigar y redactar una de las que sería las principales biografías del poeta, Memoires pour la vie de Francois Petrarque, en la que, por supuesto, demostraba sobradamente la pertenencia del marido de Laura a su propia estirpe.

El marqués de Sade, sobrino del abate, aprovechó su larga estancia en la prisión de la fortaleza de Vincennes, para leer, releer y acumular en los muros de su celda una cantidad ingente de libros. 

“Catalogue des livres demandés depuis un siècle” (“Catálogo de libros pedidos hace un siglo”), titula un cuadernillo que adjunta en una de las cartas que envía a su esposa. El Catálogo es extensísimo, y a vista de los estudiosos de hoy en día tiene un doble valor. Primero por darnos una importante información sobre las lecturas del marqués, hay entre ellas mucha obra de teatro, por ser un género éste en el que esperaba ser célebre; segundo, por haber en él textos que han desaparecido y de los que no hubiéramos tenido noticias de otra manera.

Pero el Marqués también trabajó en la redacción de lo que posteriormente serían sus primeros textos publicados. De hecho, es de esa época un cuadernillo en el que pueden leerse los primeros esbozos de “Les infortunes de la vertu”, que sería reescrita por su autor para convertirse en “Justine ou les Malheurs de la vertu”, primera obra publicada del autor, muy del gusto de aquellas que inundaban entonces el mercado de la literatura erotico-galante de la mano de autores tan reputados ya entonces como Nicolas Retif de la Bretonne.


Y uno de los hechos desencadenantes de todo esto fue sin duda el que tuvo lugar en febrero de 1779. Según cuenta en otra carta a su esposa, la noche del 16 de febrero se quedó dormido en su celda mientras releía la obra de su tío sobre Petrarca. A consecuencia de ello, tuvo una serie de ensoñaciones que pasó a narrar en el escrito:

“Todo mi consuelo es Petrarca. Lo leo con tal placer, con tal avidez, que no hay comparación posible. Pero hago con él lo que la marquesa de Sevigné hacía, con las cartas de su hija: lo leo lentamente, por temor a terminar de leerlo. ¡Qué obra tan bien escrita...! Laura me trastorna. Me siento como un ni­ño. La leo todo el día, y a la noche sueño con ella.

Te con­taré un sueño que tuve ayer, mientras todo el universo se entregaba a la diversión.

Era alrededor de medianoche. Yo acababa de dormirme, con sus memorias en la mano. De pronto se me apareció... ¡La estaba viendo! El horror de la tumba no había alterado el fulgor de sus encantos, y sus ojos aún tenían tanto fuego como cuando Petrarca los celebraba. Una gasa negra la en­volvía íntegra, y sus hermosos cabellos rubios flotaban negli­gentemente hacia atrás. Parecía que el amor, para hacerla aún más bella, había querido suavizar todo el aparato lúgubre con que se ofrecía a mis ojos. "¿Por qué gimes en la tierra? —me dijo—. Ven a reunirte conmigo. Hay más males, más penas e inquietudes en el espacio inmenso en que habito. Ten el va­lor de seguirme." Ante palabras tales, me puse a sus pies y le dije: "¡Oh, Madre mía...!". Y los sollozos ahogaron mi voz. Ella me tendió una mano, que yo cubrí de lágrimas. También ella lloraba. "Cuando vivía en este mundo que de­testas —añadió—, me agradaba dirigir mis miradas hacia el porvenir; multiplicaba mi posteridad hacia ti, y no te veía tan desdichado." Entonces, cautivo de la desesperación y la ter­nura, arrojé mis brazos en torno de su cuello para retenerla o seguirla y para embeberla en mis lágrimas, pero el fantas­ma desapareció. No quedó más que mi dolor.”

No es difícil dar en su encuentro con la Laura que eternizó Petrarca con otro personaje, Justine, que en aquél mismo tiempo comenzaba a nacer en los borradores que el Marqués de Sade esbozaba dentro de la prisión.  

Petrarca tuvo noticia de la muerte y enterramiento apresurado de Laura poco después de que se la llevara la peste de 1348. Aquél día, muy lejos de donde había muerto su amada, dejó escrita de su propia mano en latín una nota que pegó en uno de los ejemplares más queridos de su biblioteca: un Virgilio manuscrito que le acompañaba en todos sus viajes.

La nota decía así:

“…en la misma ciudad, en el mismo mes, y el mismo sexto día y a la misma primera hora del año 1348, esta maravillosa belleza fue sustraída a la luz mientras yo estaba en Verona, ignorante por lo tanto de mi desgracia. Pero la triste noticia me la trajo a Parma una carta de mi amigo Louis el día 19 del mes siguiente. El cuerpo precioso y casto de Laura fue sepultado en el convento de los hermanos menores, el día mismo de su muerte”.

Es fácil concluir que todas estas obras, las de Dante, Baudelaire, Poe y, cómo no, Petrarca, no son sino cartas a la eternidad. Están escritas a modo de salvoconductos que pretenden alcanzar, para los sueños o vivencias de sus autores, la supervivencia en el recuerdo colectivo. 

Pues no somos otra cosa que lo que vivimos.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Jesse James o la reputación poética de un pueblo


El lunes 10 de julio de 1882 el periódico  madrileño “El Día” informaba del entierro del bandido Jesse James, aproximadamente dos meses después de que hubiera tenido lugar, en un curioso artículo que paso a transcribir.

“Un bandido célebre.

No se dirá que los Estados Unidos no tienen leyendas. Basta que exista un personaje de la talla de Jesse James, para salvar la reputación poética de un pueblo.

La antigüedad ha colocado entre los héroes, a gentes que no habían hecho gran cosa, y que sobre todo, no luchaban con las dificultades que opone la sociedad moderna. Hércules, Teseo y otros aventureros célebres, ignoraban la existencia de la policía y de la Guardia civil; en cambio, Jesse James, ha tenido que vencer a todas las instituciones que en las sociedades modernas se dirigen contra lar personas que desprecian demasiado las conveniencias sociales y la actual organización de la sociedad.

Jesse James nació en el Missouri. En este Estado se estableció como bandolero, ejerciendo sus hazañas en el Kearnady (sic) y aun en las riberas del Mississipí. Y no se crea que Jesse habitaba cavernas ni chozas escondidas en los bosques. Había civilizado el bandidaje adaptándolo a la cultura moderna.

Vivía en una casa preciosa, hacia la vida de familia, era querido ardientemente por los suyos, respetado por el clero, pues era muy piadoso, y amado por el pueblo. Salía a las expediciones, no de noche y a escondidas, sino de día y con toda publicidad. En medio de la calle mataba y robaba como la cosa más natural del mundo.

Según el último censo, el Missouri tiene 2.168.804 habitantes. Constituye una división militar que tiene ocho regimientos de caballería y diez de infantería. Elige trece diputados, tiene una constitución, Cámaras, un gobernador, un subgobernador, una deuda de 17.008 dollars, agentes de policía numerosísimos, y su gobernador es persona que sabe y quiere cumplir con su deber. A pesar de todo esto, Jesse James reinaba en absoluto, y como decía el gobernador en un discurso, ningún industrial ni comerciante se creerá en seguridad mientras viviera el bandido.

Los directores de casas de banca, las empresas de caminos de hierro de San Luis, de Kausa, de Omalia, de Chicago quejabanse diariamente. Jesse vivía en una hermosa de Kearnady, sin que la policía pudiera nunca dar con él por la protección que le daba el pueblo bajo. En ciertas ocasiones el populacho lo arrebató de manos de sus perseguidores.

El gobernador, ante las apremiantes órdenes del presidente de la Unión, puso a precio la cabeza de Jesse, siendo este muerto por un bandolero, a traición.

Los funerales de Jesse han sido solemnísimos. Dos reverendos pastores oficiaban. Una gran multitud seguía el coche que conducía el cadáver. Uno de los pastores, en su oración fúnebre, manifestó la confianza que tenía en la salvación eterna de Jesse, ese excelente muchacho, á quien el cielo debe recompensar.

La vida de Jesse es una de esas grandes rarezas de los Estados aún a medio colonizar. Allí aún se puede vivir en familia en un pueblo que lo respeta, y ser al mismo tiempo un tiempo un excelente bandido que desvalija al lucero del alba.”

Este artículo, cuyo autor parecía en ocasiones anunciar los postulados del bandido social de Hobsbawm, no es la única referencia contemporánea de nuestra prensa al célebre salteador. De hecho, mes y medio antes, el 20 de abril de aquél mismo año, “El Imparcial” había dado la noticia de que “ha sido asesinado el famoso bandido americano Jesse James a quien uno de los foragidos de su banda, Roberto Ford, sorprendió y mató de un tiro el día 3 del actual”.

Para “El imparcial”, uno de los grandes rotativos españoles de la época, el bandido era ya un viejo conocido, pues de él informaba por ejemplo el año anterior, en 24 de septiembre de 1881, de lo siguiente:

“El 8 del actual fue detenido y robado, a 14 millas da Kansas, por doce enmascarados, el tren 48 de Chicago a Alton.

El empleado que guardaba la caja del tren, y que trató de defenderse, fue golpeado de tal suerte, que se desespera de salvarle la vida. El total sustraído se estima en unos 20.000 pesos. También fueron robados todos los pasajeros, cuyos bolsillos y relojes representaban un valor de varios miles de pesos.

Los ladrones iban bien armados, y continuaron haciendo disparos durante el saqueo con el objeto de intimidar a los viajeros. El conductor del tren consiguió escapar ileso de los varios pistoletazos que le dirigieron. Terminado el saqueo, los bandidos se retiraron tranquilamente, y el tren llegaba poco después á Kansas City, de donde salió el jefe de policía Speers con cincuenta hombres en persecución de los malhechores. Otros muchos vecinos armados de las inmediaciones han marchado en su busca, y es posible que los capturen. Se cree que los bandidos pertenecen a la cuadrilla que manda el tristemente célebre Jesse James.”


Si se busca, se encuentran más noticias de la carrera de este bandido, o de otros muchos que desde diferentes lugares del mundo pasaron a llenar las páginas de estos periódicos con inauditas y casi siempre sangrientas historias de asaltos, saqueos y persecuciones.

Visto ahora, resulta curioso encontrarse a figuras como la de Jesse James en la prensa de un país que tenía su propio repertorio de salteadores. Estaban todavía muy recientes las correrías de las partidas carlistas que no se habían dado por enteradas del final de la guerra. Seguía también latente el temor a viajar por unos caminos conocidos en toda Europa por la fama de sus bandidos. Y sin embargo, asomaban ya, tan tempranamente, algunos de los que terminarían por ser los héroes de la cultura popular y globalizada que llegó hasta nosotros de la mano del cine y las novelas baratas.

Estas fueron seguramente las que los alzaron de entre los olvidados, para ser recordados como aquellos que vivieron y murieron para salvar la reputación poética de un pueblo, y de algún modo, a todos nosotros.

lunes, 15 de mayo de 2017

Codex Manesse


El Codex Manesse es una antología de la obra de 135 Minnesängers de entre mediados del siglo XII y principios del XIV. Los tales Minnesänger eran la versión germana de los trovadores provenzales, y, como ellos, se ganaban la vida componiendo obras galantes, con mayor o menor fortuna, para obispos y príncipes.

Aunque no está muy claro, parece ser que hubo dinastías que se dedicaron durante generaciones a la creación de estas cancioncillas y versos de corte amoroso, picante o satírico para sus señores. De ello vivían, e incluso alguno también moría, como le ocurrió al tercero de los llamados Reinmar von Brennberg, quien en 1276 probó el acero de vaya usted a saber si un grupo de maridos celosos, u honrados burgueses objeto de alguna de sus sátiras.

Así lo recuerda el magnífico Codex Menesse, junto con alguna de sus composiciones, en el folio 188r.

martes, 9 de mayo de 2017

Liñiou faté


Los dioses son caprichosos. Lo mismo hacen gala de una extrema crueldad con nosotros, pobres mortales, que se muestran a continuación generosos y llenos de bondad. Así conducen los vientos de la fortuna, y dejan que con la incertidumbre en nuestros corazones, vivamos sometidos a su antojo. No hay camino trazado por ellos, pues supondría un obstáculo a su voluntad cambiante.

De todo esto era consciente el poeta Horacio, y de que las cosas podrían volverse en su contra también. Por ello, cuando fue encargado de celebrar la derrota y muerte de Cleopatra y Marco Antonio tras Accio, no quiso sacrificar la oportunidad de hacer una fiesta de ello, y despachó rápidamente sus primeras estrofas con una transcripción textual de otras que escribió Alceo de Mitilene quinientos años antes:

"Nunc est bibendum,
nunc pede libero pulsanda tellus"

(“Ahora es el momento de beber,
ahora es el tiempo de bailar como loco sobre la tierra”)

Horacio tenía claro que lo importante era celebrar la vida, el nacimiento de un nuevo mundo tras la muerte de los tiranos. A partir de entonces, el tiempo desaparecía por fin, para dejar paso al momento.


A principios de mayo de 1894, se celebraba en la ciudad francesa de Lyon la Exposición Universal, Internacional y Colonial. Entre las empresas expositoras, había una nueva con un producto también muy reciente y desconocido para la mayor parte del público. Se trataba de Manufacture Française des Pneumatiques Michelin, con apenas cinco años de vida, y dedicada inicialmente a la fabricación de cubiertas para bicicletas, aunque la posterior evolución del mercado les llevaría a centrarse en un invento que avanzaría con el nuevo siglo: el automóvil.

Aquél día, un trabajador se esmeraba en ir apilando neumáticos junto a la exposición de la casa. Iba colocándolos uno sobre otro hasta formar dos columnas del tamaño de una persona. En ese momento se acercaron por ahí los jefes y propietarios, los hermanos Édouard y André Michelin, quienes tras revisar el estado del área dedicada a su empresa, se detuvieron a observar la pila que poco antes había estado formando su empleado: “Si tuviera brazos parecería un hombre“ -comentó Edouard a su hermano.

La idea se quedó ahí, hasta que algún tiempo después decidieron dar un paso más en la promoción de la empresa, y llamaron al artista Marius Rossillon, que firmaba con el seudónimo O’Gallop. André tenía en mente una obra de grandes dimensiones que Rossillon había realizado para una compañía cervecera alemana. En ella aparecía un hombre levantando una jarra con su mano derecha con el lema “Nunc est bibendum”. El mayor de los Michelin tenía también la idea de combinar esto con la ocurrencia de esa apariencia humana que había encontrado a la pila de neumáticos.

Así que a Rossillon no le quedó más que tomar nota y dibujar el primer cartel: diseñó un muñeco hecho a base de ruedas apiladas brindando con una copa llena de cristales, clavos, etc... Tal y como indicaron los hermanos Michelin, incluyó el lema Nunc est bibendum, seguido de otro que, ya en francés, decía “A vuestra salud. El neumático Michelin se bebe el obstáculo”. Con ello, pretendía forzarse su interpretación a un juego de palabras en el que venía a decirse que el neumático se traga sin daño alguno los obstáculos que llenan su vaso. Todo por mantener la cita horaciana…

¿Iba a entender alguien a que venía eso? Seguramente esa capacidad que tenemos todos de interpretar cualquier cosa que se nos ponga delante, hizo que al quedar el texto exactamente encima del muñeco y haber un “est” delante del nombre, la mayor parte de la gente utilizara la lógica y pensara que ese era su nombre, intuyendo que el texto podría decir algo así como “Este es Bibendum”


“Liñiou faté”/ Ahaztutakoak significa “los olvidados” en wolof, una de las lenguas habladas en Senegal y Gambia. Este mismo nombre que se le ha dado a una exposición que se celebra actualmente en el Museo de San Telmo de San Sebastián, con fotografías y grabaciones de video tomadas por Juan Mari Indo en sus viajes por el continente africano. En ella se nos muestra cómo se utiliza a Bibendum actualmente en el África Subsahariana, para señalizar los talleres de reparación de pinchazos de ruedas. Es curioso descubrir que uno se los puede encontrar en los sitios más increíbles: desiertos, carreteras, ciudades, poblados, pistas de piedra o arena…

Sus dueños son artesanos capaces de reparar una cubierta de rueda de camión cosiéndole una cuerda. Hacen también las veces de artistas y pintan su particular Bibendum con colores y formas modestas echando mano de los pocos recursos de que disponen. Tienen una especial habilidad aprovechar paredes, chapas desplegadas, ruedas apiladas, carteles de todo tipo o cualquier otro soporte… Saben que lo importante es atraer la atención de los posibles clientes que circulan por las inmediaciones hacía esos talleres que han logrado levantar.


El bibendum que encontramos en estas representaciones ya no tiene nada que ver con el original: es una imagen naif, un graffiti de aspecto precario que parece en ocasiones una representación animista, una máscara de alguno de esos cultos remotos y desconocidos que imaginamos todavía se pueden practicar en algún rincón de aquél continente lleno de misterio.

De hecho, “Liñiou faté” se refiere a nuestra periferia. A todo aquello que hoy en día, a pesar de haberse acortado tanto las distancias y los tiempos, sigue estando todavía en lo más remoto de nuestra conciencia. Habla de esa creatividad nacida para sobrevivir, y que sin embargo está condenada al olvido, a desaparecer sin que apenas hayamos sido conocedores de su existencia. 


Los dioses son caprichosos, decía al principio. Y moldean el tiempo de manera que construya olvido con nosotros y con las vivencias que nos ocuparon. También con todo aquello que hacemos. Puede que en el mejor de los casos, quienes nos sucedan hagan de nuestro recuerdo algo que jamás hubiéramos imaginado…

Pero ni de esto hay garantía alguna, pues no hay camino trazado que pueda suponer un obstáculo a la voluntad cambiante de los dioses.