lunes, 7 de agosto de 2017

Ella espera...


Inquieta pensar que esta hermosa y plácida obra de Jean-Jacques Henner encabezada con la leyenda "Elle attend", tenga en sí una intención tan alejada de lo que pudiera pensarse en un primer momento como es la de la venganza. "L’Alsace. Elle Attend" (1871) es una obra encargada por un industrial alsaciano tras el fin de la guerra franco-prusiana, aquella que aniquiló a un imperio de opereta -el francés de Napoleón III-, para dar paso a uno nuevo muy parecido en su maneras -el alemán de Guillermo I-. Con la derrota, Francia perdía Alsacia y Lorena, que pasaban a manos de su vecino y enemigo.

Muchos franceses, y en especial los que vivían o tenían interés en los territorios perdidos, se opusieron a la rendición, y popularizaron esta obra como el recuerdo de un deber patriótico... El crítico de arte Jules Antoine Castagnary dijo de ella en Le Siècle : "Tiene dieciséis años, la edad de la generación que verá cumplirse la inevitable revancha". No sabía bien lo cierto que era su comentario...

Me encontraba precisamente hace unos días con una versión apócrifa de una gran obra -El Conde de Montecristo-, que es un ejemplo claro de lo bien que sienta al arte desarrollar historias de venganza. Lo mismo pudiera pensarse de esta, si no fuera por el hecho de que es real, y desembocó en una contienda que arrasó el mundo allá por la segunda década del siglo XX.

Ella, la muerte, siempre espera.

lunes, 24 de julio de 2017

The Ilustrated Police News



El Illustrated Police News del sábado 14 de agosto de 1869 publicaba en su portada esta ilustración como uno de los hechos sensacionales que se habían dado en la última semana. Por lo que se lee en el interior respecto al duelo de monjas, bastante poco, a uno le queda la sensación de que era uno de tantos cebos hechos a base de noticias falsas o exageradas que abundan en este tipo de medio. ¿Qué dice?: que se enfrentaron por cuestiones de honor, que pertenecían a un convento de una localidad aparentemente francesa pero que no existe o cuyo nombre está mal transcrito, y que todo acabó con heridas leves, sin apenas derramamiento de sangre y con la concesión mutua del perdón. Amén.

El Ilustrated Police News es una de tantas publicaciones del género policial/sensacionalista que abundaron y tuvieron un importante éxito entre los lectores de la segunda mitad del siglo XIX y prácticamente todo el XX. Conozco versiones semejantes en Francia -en España que yo sepa solo estuvo El Caso, pero fue posterior y no tenía ese potencial gráfico-, y siempre juegan con el atractivo de una portada llena de ilustraciones impactantes que envían al curioso a una lectura en sus páginas interiores. En muchos de los casos -como este de las monjas-, la curiosidad termina en sensación de que a uno le han contado un cuento...

A pesar de todo ello, son en general publicaciones con una larga existencia. El Ilustrated en concreto entre 1864 y 1938, llegando a la cumbre de su popularidad con los sucesos de Whitechapel (1888-1891). De hecho, muchos de los elementos gráficos que se emplearon en esta publicación para el caso de Jack el destripador, forman parte importante de la referencia visual que ha quedado en todos nosotros de uno de los casos criminales más conocidos de la historia.

viernes, 7 de julio de 2017

Surtshellir


Surtshellir es una cueva que se encuentra en un alejado rincón del oeste de Islandia, en un lugar donde sólo el fragor de las erupciones volcánicas ha roto el profundo silencio que acompaña al quejido del viento que irrumpe desde la costa.

A pesar de encontrarse en un lugar tan remoto, su existencia no ha dejado de estar presente desde el mismo inicio de la historia escrita en aquella isla. La menciona el Landnámabók (Libro de los asentamientos), manuscrito del siglo XII, que detalla el modo en que fueron colonizando los vikingos aquella isla a lo largo de los doscientos años que corrieron entre los siglos IX y X. 

De esta época se cuenta que la cueva y todos sus pasadizos eran utilizados como refugio por bandidos, desterrados y parias de todo tipo, que empleaban el lugar como base para realizar incursiones de pillaje en las granjas y aldeas más próximas. Durante mucho tiempo, Surtshellir fue una fuente de temores y supersticiones para los islandeses que habitaban las montañas de las inmediaciones. 



Todo esto terminó oficialmente con la ilustración, en concreto con la visita que hizo Eggert Ólafsson, estudioso de la cultura islandesa, quién documento su visita al lugar en un viaje que hizo a la región allá por el año 1750. Desde entonces, no se volvió a mencionar la presencia de bandidos, ni la de seres sobrenaturales como aquél Surtr, gigante de fuego que era soberano de las entrañas de la tierra, que había prestado su nombre a aquella cueva. Seguramente sólo junto a los fuegos de los hogares más apartados seguía hablándose de los peligros de aquél acceso a las entrañas de la tierra. 

Los grabados que acompañan a este texto son del año 1836 y de la mano de un tal A. E. F. Mayer, del que desconozco absolutamente todo. Supongo, o prefiero imaginar, que tomó las notas para las ilustraciones del natural. Quién sabe... Pero su representación de Surtshellir me ha cautivado profundamente. Es más, sin saber inicialmente de qué se trataba, ha traído a mí la referencia a una de esas lecturas por las que, al ser muy tempranas y entusiastas, guardo un especial afecto: se trata, claro está, del Viaje al Centro de la Tierra. 

De hecho, fue imaginando cosas como las que nos muestra el tal Mayer, como entré de lleno en las profundas entrañas de esos mundos que nos reserva la lectura.



martes, 4 de julio de 2017

El mundo del futuro y un brujo de Zaragoza



Lee esto fijamente.

Este tiempo en el que vivimos, el futuro de todos los que nos precedieron, no es sino uno de entre los miles que estaban esperándonos. Los había más próximos -aún- a esas distopías que abundan en cine y literatura desde los mismísimos inicios del siglo XX, con realidades aberrantes que en ocasiones no parecen otra cosa que la nuestra reflejada en el espejo del callejón del Gato.

Otros se parecen más a aquél que imaginábamos apoyándonos en nuestras lecturas de cómics tipo “Mundo futuro” y las novelas de a duro. Todo muy parecido a ese porvenir en el que prevalecía el progreso tecnológico sobre cualquier otra cosa, siguiendo el sedimento que habían dejado en nuestra imaginación Julio Verne y H.G. Wells.

A Juan Bajen y Seros todas estas cosas del futuro y la adivinación le interesaban mucho. No se sabe muy bien si porque tenía una especial habilidad para acertar con los acontecimientos que estaban por venir, o lo suyo era hacer creer a sus convecinos que tenía algún tipo de poder premonitorio. El caso es que ya de pequeño en su barrio de Casablanca en Zaragoza decían de él que tenía un pacto con el diablo, cosa que ya entonces no tenía pena de inquisición ni fue perseguido y linchado como le ocurrió a la tía Casca en el mágico Trasmoz, al pie de Moncayo.

Juan el brujo o Juanillo, era ya de otra época, y asoma a nosotros gracias a un artículo de la revista Crónica del 10 de marzo de 1935. Decían de él que  ya desde muy pequeño anunciaba hechos que invariablemente se producían: acertaba los nombres de las sirvientas que acudían al puesto de pescado que regentaban sus padres, era capaz adivinar cómo iba a ser una futura cosecha, advirtió de que en la década de 1910 se iba a producir una gran guerra, y predijo el advenimiento de la República. Eso es lo que él decía, claro está. Y si hacemos caso al Crónica, también se contaba por Zaragoza, llegando a existir una muletilla que se empleaba cada vez que se tenía noticia de un hecho extraordinario:

—Eso ya lo había anunciado el señor Juan.

Sin embargo, la fama no debió de traer consigo su parte correspondiente de prosperidad. Juan el brujo vivía en el barrio de Casablanca, en una cabaña mal cubierta de cañas con un poco de yeso, donde “el frío en la habitación es idéntico al de la calle”. Tenía un huerto con hortalizas, que él mismo cultivaba, unos gallineros sin animales, un almacén al aire libre, en el que se guardan materiales de derribo, y poco más. En el interior había un fogón hecho de ladrillos, una tina de madera, una cama de hierro “con tantos años como su propietario”, y unas cajas de madera, que sirven a la vez de mesa, despensa y armario para la ropa.

Por si no fuera poco,  Juan tuvo que abandonar su oficio de albañil al ir quedándose medio ciego, por lo que su huerto, y lo que pudiera ganar con alguna predicción que otra, eran por aquél entonces sus únicos medios de subsistencia.

Así vivía el hombre que miraba al futuro.


Merece la pena repasar lo que contó al periodista del Crónica cuando este le quiso sacar alguna predicción para el futuro, pues Juan se despachó con un relato que si bien erraba desde su inicio, tenía un curioso aire a historia de ciencia ficción muy próximo al “Esquema de los tiempos futuros” de H.G. Wells que precisamente se publico en español por aquellos años. Lo transcribo:


«Creen algunos que el mundo se prepara para una nueva guerra. Están engañados, porque ese conflicto no llegará a estallar.

»En su lugar, estamos abocados a una gran hecatombe, que no se podrá evitar. En lo sucesivo se registrarán mayor número de defunciones que de nacimientos. Muchas muertes lo serán por enfermedades conocidas: pero el número más elevado de defunciones tendrá por causas otros padecimientos desconocidos de la ciencia, y contra las que ésta no podrá nada.

»La Industria y el Comercio irán de mal en peor, y se cerrarán muchas y muy importantes factorías.

»Habrá grandes y graves desórdenes en casi todas las regiones del mundo, especialmente en las Repúblicas hispanoamericanas, en Alemania, Inglaterra, Andalucía y Cataluña. El grueso de los desórdenes se fijará en los Estados Unidos. Llegará un momento en que los Gobiernos intentarán utilizar a los presos en las faenas del campo.

»La mayor parte de los capitales serán retirados de los Bancos y ocultados en lugares seguros.

»La ley Marcial será declarada en casi todos los países.

»Habrá epidemias horribles, de las que serán víctimas los hombres, los animales y las plantas.

»En 1937 se formarán unas corrientes subterráneas, procedentes del golfo de Méjico, que llegarán a derribar o a inclinar los edificios más sólidos. Estas corrientes subterráneas harán desaparecer parte de Italia, Japón y Rusia; pero esto se compensará con la aparición de nuevas tierras, donde se cultivarán árboles y plantas de gran utilidad y belleza.

»En las nuevas tierras aparecerán unos árboles, a los que se llamará «pirámides», de grato aroma, que se percibirá a distancia, con flores parecidas a las magnolias y hojas que podrán servir como finísimo té o delicado tabaco. Estas tierras, como serán de carácter y condiciones privilegiadas, se poblarán inmediatamente, y sus habitantes llegarán a ser superiores en aptitudes y talento al resto de los hombres.

»Se aproxima la hora de la felicidad, en la cual habrá seres comprensivos, de clara inteligencia, sin odios, sin egoísmos, sin vicios y sin maldades. Nadie sentirá entonces deseos insanos, y los supervivientes de la época anterior que no quieran seguir este camino de dichas vivirán aislados, errantes, sin familia ni hogar, como seres anormales.

»En el año 1945 no serán precisos ni guardias, ni tropas, ni Audiencias, ni Prisiones.

»Se habrá descubierto una pasta destinada a la construcción, que suprimirá la mayor parte de los materiales conocidos, y tendrá todas las ventajas sin ninguno de los inconvenientes.

»Un aparato instalado en el hueco de las ventanas recogerá del espacio el gas necesario para la iluminación del inmueble y el combustible del fogón.

»Otro aparato, permitirá realizar viajes a distancias enormes en pocos minutos.

»Se conseguirá llegar hasta algunos planetas, y se comprobará que en la Luna no existe vegetación ni habitantes.

»Los hay, en cambio, en Marte y Venus, pero faltos de perfección, semisalvajes. Tampoco hay habitantes en Júpiter.

»En el año 1955 la perfección habrá llegado a términos insospechados.

»Habrá pocas enfermedades, pocas defunciones y pocos nacimientos. Para suplir esto último se habrá inventado la «madre artificial», que producirá seres humanos perfectos.

»El año 1960 será lo definitivo en felicidad.

»Los habitantes de la Tierra disfrutarán de comodidades, de bienestar, de alimentos y diversiones, y únicamente destinarán al trabajo dos o tres horas diarias, más que nada por recreo o diversión.

»Esta felicidad subsistirá hasta la transformación del mundo, hecho que ocurrirá al final del siglo XX, por efecto del fuerte roce de un planeta con la Tierra.

»No desaparecerá la Tierra, sino que en la mencionada transformación desaparecerán el Mediterráneo y algunas naciones europeas»


Como pasa con el relato de Wells al que me refería antes, esta visión de futuro nos puede resultar naif, curiosa y en ocasiones chocante. Pero es lo que había, y lo que seguramente, con sus variaciones, estaba en la cabeza de la mayor parte de las personas que, como Juan el brujo, a pesar de malvivir -o es posible que por eso mismo-, daban en pensar en el futuro. Y sorprendentemente era de manera muy parecida a como lo hacía uno de los grandes maestros de la ciencia ficción en su época.

Me cuenta un amigo que por Veruela, allá en su Aragón, existía la creencia de que sólo estaban expuestos al poder maligno de las brujas quienes tuvieran la mala fortuna de que durante su bautizo el cura confundiera alguna de las palabras rituales. ¿Y cómo saber si había ocurrido eso? Muy sencillo: se toma un cedazo después de las 12 de la noche -las brujas sólo tienen poder hasta esa hora-, y haciendo tres cruces sobre él, se mantiene suspendido en el aire por el aro con las puntas de unas tijeras. Al hacer esto, si el párroco falló en el bautizo el cedazo da vueltas por sí mismo, en caso contrario, permanece quieto.

Puro azar. 

Adivinación con tijera y cedazo en Galicia.


miércoles, 28 de junio de 2017

La beauté est dans la rue


Lo veía durante mis visitas a aquel bar del Vieux Bayonne, entre fotografías del dueño con celebridades ya olvidadas, anuncios en latón de bebidas espirituosas y carteles de eventos de todo tipo, como otro que también recuerdo: el de un concierto de Lou Reed en “Le Punk-Rock Festival” que se celebraba en Mont-de-Marsan por aquellos años de 1976 o 77.

Era ya entonces la reliquia de una oportunidad perdida, de algo más remoto en la memoria colectiva que los apenas 8 años que había pasado desde que se asomó brillando por primera vez a las calles de París.

Ahora que me lo encuentro de nuevo en la red, después de todo lo pasado, no puedo evitar el recordar con cierta melancolía todos aquellos sueños por los que luchamos mientras se van desvaneciendo.

Puedes ver “La beauté est dans la rue” y algunos carteles más del Atelier Populaire, el taller que produjo algunos de los más emblemáticos carteles de la revuelta del 68 de mayo, en https://libcom.org/gallery/paris-68-posters

martes, 20 de junio de 2017

45º52.6S, 123º23.6W


Quiero pensar que una representación en la que vamos a encontrarnos con Cthulhu, la estación espacial MIR, la Bounty y el Potemky, referencias al capitán Nemo y a la toma de la Bastilla, va a hacer que este esfuerzo en la selección del reparto rinda la curiosidad de más de un despistado lector sobre la entrada serie B que comienza ahora.

Dicen que las coordenadas 45º52.6S, 123º23.6W, corresponden con un lugar en el Océano Pacífico que es el  más remoto de nuestro planeta, el más alejado de cualquier masa de tierra. Por ello le han dado familiarmente el nombre de “Punto Nemo”, y de manera más técnica el de Polo de inaccesibilidad del Pacífico. El caso es que el PIP, estando tan lejos de nosotros, no ha podido evitar a lo largo del tiempo ser depositario de nuestra impronta, de lo mejor y lo peor del ser humano.

Y si no, que se lo pregunten a las agencias espaciales de Rusia, Europa y Japón que lo usan como "cementerio espacial". Más de un centenar de objetos que circulaban más allá  de la atmósfera, han sido dirigidos a este punto cuando iban a ser desmantelados. Así que en las profundidades de estas aguas, si alguien es capaz de llegar hasta allá, uno puede encontrarse fragmentos de satélites, e incluso restos de la estación espacial Mir.

En las entrañas de aquellas remotas aguas hay de todo. De hecho en 1997 unos oceanógrafos grabaron un sonido misterioso cerca de este del Punto Nemo, lo cual provocó, especialmente en los amigos de lo misterioso, mucha expectación e incluso temor, aunque no tuvieran previsto pasarse por ahí. El sonido en cuestión fue bautizado como "El Bloop", y era más fuerte que el emitido por una ballena azul, lo cual hizo que se especulara rápidamente con la posibilidad de que fuera producido por un desconocido monstruo marino… Al final, se demostró que se trataba del sonido que provenía de icebergs agrietándose. Pero bueno: que no hay que creerse la verdad si la ficción resulta más entretenida y enriquecedora.


Que me lo pregunten a mí, y seguramente a unos cuantos de ustedes, pues esta inmensa soledad, 66 años antes de ser catalogada como el Punto Nemo de nuestro planeta, ya había sido elegida por H. P. Lovecraft para situar en ella R'lyeh, el hogar de Cthulhu, la ya entrañable y legendaria criatura de rostro con tentáculos.

Allí yacían el Gran Cthulhu y sus hordas, ocultos bajo bóvedas cubiertas de fango verdoso; enviando de nuevo, tras incalculables ciclos temporales, aquellos pensamientos que extendían el miedo por los sueños de los más sensibles, a la vez que apremiaban a sus fieles a lanzarse en pos de un peregrinaje por su liberación y la restauración de su imperio en la tierra...”

Sigamos. Menos de dos meses antes de la toma de la Bastilla en París en aquél año de 1789, tuvo lugar aquí, en nuestro Punto Nemo, un hecho que por haber ocurrido a un grupo de británicos, podemos considerar de gran relevancia histórica. Se trata del famoso motín del Bounty, cuyo renombre y popularidad me ahorra el tener que entrar a los detalles para explicarles qué es lo que ocurrió con aquél barco de la armada de su graciosa majestad.

Valga con decir que los hechos que todos conocemos ocurrieron en las inmediaciones del Nemo. Bueno, para ser sinceros algo más cerca de las islas Tafoa. Sin duda aquél era lugar muy a propósito para amotinarse. En cierta manera predisponía a ello. Aunque no lo era tanto para ser abandonado como le ocurrió al capitán William Bligh, teniendo en cuenta que el lugar de tierra más cercano a nuestro punto no es otro que la Isla Ducie -una de las Pitcairn-, a nada menos que 1.600 km…

Lo del Bounty ha tenido siempre para mí un paralelismo con lo que ocurrió en el Potemky, por ser aviso de lo que pasaría poquísimo después en tierra, en Francia en este caso, y en modo de revolución. Supongo que la marinería de aquellos tiempos revueltos, como ocurriría fallidamente después también en Kronstadt, era la depositaria de ideas y experiencias que circulaban de un lugar a otro. De hecho, eran su vehículo transmisor y quienes a su vez observaban con mayor distancia lo que ocurría en sus propios hogares. La ausencia otorga este don.

El caso es que leídos una buena porción de párrafos, el paciente lector puede preguntarse a dónde quiero llevarle, y eso será lógicamente porque no he sido capaz de hacerle ver que a ninguna parte. A mi Punto Nemo particular. Pues toda esta divagación viene a cuento de mi encuentro con un curioso grabado que representa el momento en que el capitán William Bligh es abandonado a su suerte en el océano por la tripulación del Bounty. Digo lo de curioso porque sorprende ver ilustraciones, como la que encabeza este texto y que es obra de Robert Dodd, que son de fechas tan tempranas como la de 1790, el mismo año en que tras muchas penalidades llegó el capitán Bligh a Inglaterra y relató su versión de lo ocurrido.

La que muestro aquí abajo, me resulta más interesante todavía, pues es del mismo año 1790, pero de autor francés, Pierre Ozanne, y fue la que me sumergió en todas estas reflexiones el día en que me la encontré en una librería de viejo. Supongo que quien finalmente se la lleve, tendrá la posibilidad de viajar a aquella ninguna parte en la que todos nos encontramos en algún momento.


martes, 30 de mayo de 2017

Inimigo de hipócritas e frades...


Y de citas sobre lecturas recientes o recordadas voy a intentar escribir algo. La culpa la tiene haber devorado con las ganas y el entusiasmo del nostálgico el “England´s Dreaming” de Jon Savage, un extenso recorrido por aquella breve historia que fue la de los Sex Pistols. Entre otras muchas cosas, en él hay obligadas referencias a “Rastros de carmín: una historia secreta del siglo XX” de Greil Marcus, del que precisamente guardaba unas notas, de las que transcribo esta para darles paso después a la última de mis referencias:

“A lo largo de la década de los veinte, los surrealistas buscaron una poética que destruyese el simbolismo hipnótico de la iglesia. Luis Buñuel, que de joven caminaba por las calles de Madrid disfrazado de cura, arriesgándose a ir a la cárcel a causa de ese chiste privado, y que en 1930 rodó la película blasfema L’Age d’or, experimentó su primera atracción hacia el surrealismo a causa de una foto publicada en 1926 en la revista La Révolution surréaliste: “Benjamin Péret insultando a un cura” Definida por Robert Hughes como “una de las primeras performances de las que existe documentación, precursora de miles de acciones igualmente triviales que serían registradas en Polaroid o en video por los artistas norteamericanos de los setenta”, hoy en día la foto es casi imposible de interpretar; un pie de foto más obvio habría sido: “Cura lanzándole a Benjamin Péret una mirada obscena”. Todo lo cual prueba que, en el momento y el lugar adecuados, las poéticas más marginales -en este caso la foto ambigua- puede conducir a alguna parte; por ejemplo, a L’age d’or, que todavía es capaz de cambiar la vida de algunos”.

Vale. Pues José Miguel Pérez Corrales en “El oro del tiempo” nos habla del paralelismo entre esta imagen y la actitud de Manuel Maria Barbosa du Bocage, poeta portugués de finales del siglo XVIII con formación neoclásica, pero maneras radicalmente románticas. Se cuenta de él, y lo  ilustra una colección de lienzos pintados para decorar las paredes del Café Nicola en el corazón de Lisboa, que hacía gala de una actitud satírica y provocadora con todo lo establecido, llegando a pasar alguna que otra temporada en las cárceles de la inquisición. Entre estos cuadros, pintados ¿casualmente? por los mismos años en que Péret se hizo la famosa fotografía, encontramos que la actitud “performante” del poeta portugués no era muy diferente de la del surrealista. Especialmente en aquél en el que se le representa en la obra que el autor denomina “Inimigo de hipócritas e frades”.